Depender de Dios, primer paso para ser fuertes

Dios nos rescata de la desesperación.

Una de las razones para nuestro fracaso espiritual y moral, radica en caminar en nuestras propias fuerzas. Lo que marca la diferencia y nos lleva a vencer, es depender de Dios todo el tiempo.

La caída espiritual y morar del cristiano, radica esencialmente, en caminar desprendidos de la mano de nuestro Señor Jesucristo. Ceder a la autosuficiencia que nos lleva a creer que somos más fuertes que cualquier tentación que salga al paso.

Tremendo equívoco. Somos vulnerables. Siempre. Lo que realmente nos hace fuertes, es una plena confianza y dependencia de Dios.

La mejor ilustración la leemos en la escena que relata el evangelio de Lucas, inmediatamente después de que Jesús dice al apóstol Pedro, que Satanás lo ha pedido para zarandearlo.

«Y Pedro le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte. Y él le dijo: Te digo que el gallo no cantará hoy, antes que tú me niegues tres veces.» (Lucas 22:33-34 |RVC)  

Un pasaje que nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la lealtad humana y la diferencia entre nuestras intenciones y nuestras acciones.

CAMINAR CON CRISTO EN NUESTRAS FUERZAS

Pedro, uno de los discípulos más cercanos a Jesús, confiaba plenamente en su fidelidad hacia Él. A pesar de su pasión y compromiso, Jesús le muestra que, en ese momento, su fortaleza era más aparente que real. La advertencia de Jesús revela la fragilidad humana, incluso en aquellos que más se esfuerzan por seguirle.

La reflexión aquí no es solo sobre la caída de Pedro, sino sobre la misericordia y la comprensión de Jesús. Él ya sabía que Pedro lo negaría, pero también sabía que ese momento sería crucial para su proceso de transformación.

La negación de Pedro no define su futuro con Cristo, sino que sirve como una lección de humildad y dependencia de la gracia divina.

DEPENDENCIA DE DIOS

Aprendemos que nuestras promesas y resoluciones son valiosas, pero debemos ser humildes al reconocer nuestras limitaciones humanas.

Podemos tener la intención de ser fieles, pero necesitamos depender de la gracia de Dios para mantener nuestra fe en los momentos difíciles. Jesús no desprecia a Pedro, sino que le da la oportunidad de arrepentirse y restaurarse más adelante.

Este es un recordatorio de que, incluso cuando fallamos, la misericordia de Dios nos brinda la oportunidad de volver a Él.

En es una invitación a ser humildes, reconocer nuestras debilidades y recordar que la fidelidad de Jesús hacia nosotros no depende de nuestra perfección, sino de su amor incondicional.

No podría despedirme sin antes invitarle para que se acoja a la gracia divina. Solo por gracia, Dios perdona todos nuestros pecados, de ayer, de hoy y del mañana.

Jesús ya pagó por nuestros pecados. Lo hizo en la cruz. Con cada gota de sangre vertida en el madero, limpió nuestra maldad. Nos ama y se sacrificó por uste y por mí. Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo como su único y suficiente Salvador.

© Fernando Alexis Jiménez | @Conexión365

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