Enseñar a partir del ejemplo, ahí está el secreto. Es por supuesto, una demostración viva de humildad. Nadie puede enseñar a su familia algo, sin antes dejar de lado el orgullo que en la mayoría de los casos nos lleva a pensar que siempre tenemos la razón.
Con ayuda de Dios podemos emprender el proceso de transformación y crecimiento que siempre hemos anhelado.